El trabajo bien hecho es siempre la mejor recompensa para el trabajador, esta es la sensación primera que tuvimos al ver a Fátima 2010 (Sheyla + Esteban) en la plaza Castelar la noche del jueves de moros. Oro: símbolo de abundancia, riquezas y esplendor… así de brillantes lucieron el capitán y la abanderada de las Huestes del Cadí su retreta potente, una retreta potentemente glamourosa, rococó y recargada hasta el exceso más sublime, en el caso de Sheyla, un exceso prácticamente obsceno… los dos estuvieron inmensos. Hicieron vibrar a su escuadra y a su comparsa, marcaron la diferencia desde el minuto cero, subieron todos los puestos habidos y por haber en las quinielas de favoritismo. En una frase, aquella noche, no hubo quien les tosiera.
Como dos zocos vivientes, llenos de secretos, de baratijas, de telas mestizas, de recovecos, de pequeños tesoros, deambularon por el recorrido de este primer desfile, que desgraciadamente, cada año es menos informal y más tedioso… la artesana confección marroquí de los trajes contrastaba con la vanguardia de las ideas: las chilabas “paso de cebra”, los leggings dorados (la gran revelación)y las toneladas de complementos superpuestos dieron lugar a una combinación tan salvaje que los protagonistas de la comparsa más joven de la fiesta se convirtieron en un bazar ambulante en el que perderse y soñar durante mil y una noches… nosotros aún nos resistimos a encontrar el camino de vuelta.
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