Las que fueran las primeras clientas no oficiales de Milady (hace ya muchos años) se lanzaron por fin este 2011 de la mano de Ales a la éxotica aventura del “¿te atreves en Marruecos?”. Lo tenían todo a su favor, chicas jóvenes y festerísimas (juntas ostentaron el mayor cargo femenino de su comparsa, Las Huestes del Cadí, en 2005, y alguna de ellas también lo ha ostentado por separado), eran la primera escuadra de la segunda comparsa del bando (las segundas comparsas son las que más se lucen siempre, es el mejor puesto, eso es así) muy conocidas en el microcosmos festero como entidad colectiva y como individuas independientes muchas de ellas. Las videocampañas prometían un traje de profundo y marcado corte étnico, lo que en Elda se conoce como “un traje muy moro”…Y así fue.

Opacas y casi ocultas en telas negras (una de ellas exactamente la misma que forra los sofás de la casa real de Marruecos) marchaban rotundas sobre unas babuchas multicolores y accesorios metálicos arabescos. Enfundadas en un cinturón rígido que las estilizaba hasta casi alcanzar la media luna fértil de la que habla el Corán formaban un imperio de ojos ahumados que vigilaban acechantes a quienes no aplaudían (muy pocos a su paso). Y al pasar, el caos más bello que un Tuareg pueda imaginar, un precioso telar de metros y metros de arcoíris que, a modo de brochazos de Pollock, hacían obligatoria y magnética la visión de sus espaldas durante muchísimos segundos, prácticamente hasta que la siguiente escuadra las tapaba, o en el caso de los afortunados balcones hasta perderlas de vista en una nueva calle donde el triunfo volvía a esperarles. Premio a la vista? Say my name, say my name: Amazonas.

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