Desde aquella exposición, casi teatral, en el Zeta del vestuario de la capitanía, el “traje de cuadros”, como todos llamamos al modelito en cuestión, se hizo con una legión de fidelismos fans que lo convirtieron en un caramelito que corrió de boca en boca, como los cubitos de hielo en el juego adolescente, y que casi todos degustamos con exquisito placer. Nadie como Marta para lucir, de un modo tan genuino y genial, este traje de inspiración escocesa. Su nívea tez y su melena “braveheart” (mas aleonada que nunca para la ocasión) elevaron los tartanes y sucedáneos a la altura de cascabeles, zetas, panderetas y demás iconos zíngaros.
Nos enamoró el toque “Dolly Parton naïf” del peinado y el maquillaje… ese referente fabuloso unido a las espigas de trigo, a ese chaleco insuperable (que parecía comestible de la buena pinta que tenia) cuajado de minicascabeles, las flores de cuero y el escotazo (UP!) convirtieron a Marta en una campesina medieval con toques que oscilaban, según el momento, entre el erotismo nórdico más contundente y la chispa levantina más juvenil, y todo ello acompañado siempre por la frescura de una sonrisa que en todo momento delataba lo bien que se lo estaba pasando la protagonista indiscutible de los zíngaros 2010.
Una retreta potente en una abanderada preciosa ante la que era difícil no girar la cabeza para volver a mirar. Como al resto, a nosotros, también nos dejaste a cuadros.
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